8.10.13

compatriotas izquierdistas

La tensión con Uruguay no modifica ni altera las tensiones, no afloja ni contrae ningún músculo. Lejos está de dilapidar el fraternal sentimiento de amistad que nos une, mucho más que el río que nos une, mucho más que el zorzal que nos disputamos.

Un problema ambiental es un problema ambiental.
De un lado habrá un conglomerado de accionistas de una mega empresa encargada de explotar del modo más barato y positivo para ellos mismos y no para el resto de la sociedad algún recurso natural y del otro uno esperaría que la humanidad forme cuadros políticos con algunos valores claros que le sean comunes a todos los militantes de cada uno de los partidos.

Nada debería de alterarnos si frente a nosotros tuvieramos un aparato político charrúa ventajero y aprovechador.
Porque básicamente eso ha sido siempre así.

Entonces en nuestro sentimiento de amor, hacemos lugar al defecto de los hermanos. Estas palabras seguramente las pronunció Jesús y tantos otros charlatanes de feria o periodistas de la tercera dimensión.
Algún bloggero, por que no.

El ecologismo es un tema muy subjetivo.
Para el catamarqueño contratado por la Barrick significara una cosa seguramente muy distinta que para los precavidos de siempre.

Quizás cuando pasemos el mediomundo por el río Uruguay y juntemos un montón de esqueletitos de pescados o muchos de nuestros niños salgan envueltos en una extraña baba verde no tendremos que extrañarnos.
La vida es una sola y a las personas nos cuesta mucho pensar en las que vendrán.

No se puede saber qué esta bien y qué esta mal.
Las ideas viejas todavía nos discuten. Todavía nos interrogan desde el pasado los intelectuales de siempre.
Nos bendice Marx y marxista bautizado es limpio de conciencia burguesa.
Nos interpela Roberto Arlt cuando nos dice que la revolución se financia con la prostitución.
La historia de Conrad del barco que viaja al fin del mundo movida por un enorme enemigo y un fantástico negocio.

Los protagonistas de aquellas fantásticas historias somos nosotros, la comunidad. Los que discutimos en cada esquina y nos enfrentamos violentamente por apasionamientos diversos.

La intensidad de la palabra no puede explicarse en términos televisivos. No alcanzarían horas de radio, repetitivas horas de radio.
No hace más que sobrar el espectáculo.

Los que se aman, se aman un poco para protegerse de toda esta infamia. Para encausar este festín sensorial.

Las viejas definiciones de izquierda y derecha están vencidas. Si la derecha no fuera retóricamente detrás de esta definición me atrevería a gritarlo.
Suscribirse a teorías de derecha es lo que hemos echo toda nuestra vida viendo Los Simpsons, a Superman, a todos esos policías y toda la legitimización de la acción en el cine por causas relacionadas con la inseguridad.

Mis compatriotas izquierdistas anhelan más una linda casita en la sierra que un país capaz de tomar sus propias decisiones.
Y eso no está ni bien ni mal, como ya se dijo antes.

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