8.6.07

propóleo

En un radio de 25 cuadras a la redonda existen muchos establecimientos donde abastecerse y realizar relaciones públicas. Intercambiar opiniones, charla soft, deporte y aritmética artistica.

Al volver de la frontera, enmarañado por la niebla y el frío, la avenida se abría como un mosaico de oportunidades.
Un coto. Un cartel de Mauricio.

Nos fuimos acercando al barrio y El Arquero se hartó de jugar al remisero kuriaki y nos dejó. En una esquina.

Todos hicieron el ademán adecuado y por una u otra razón se fueron a depositar su cuerpo en su sobre.

El radio de 25 estaba ahora ante mi. En la mesa los anteojos, el cenicero, las 5 cartas y el recorrido. Fumé la represión nicotínica. No había fumado ese día. Una premonicón, un poco de conciencia médica.
L&M. Era lo que tenía en mi poder.

Son buenos cigarros, un buen suplente. Esos jugadores que no descollan pero que le rinden al bien común.
Al cabo de un buen cigarro surgió, en la primera parada, una charla casual con una señorita de origen francés. Simpática y bonita.
Unas palabras. Dos o tres más. Prendí otro pucho.

Ahí mostré el miedo.
Las mujeres y los policías huelen el miedo en tus ojos. Y un cigarrillo es una demostración fehaciente de titubeo y nerviosismo.

Zas, se fue al baño o algo así y nunca volvió.

Salí a la niebla de nuevo. Quedaban 24 chances.
Camino a la siguiente me fui a dormir.

Pensando en lo intrascendente que puede ser todo a veces. Y en líneas generales.

2 comments:

lo rigby said...

cuidado con los encuentros casuales con procedencia francesa.
el dia menos pensado terminan con una carta de amor en una billetera

SISIFO said...

salir solo es muy peligroso.. uno se puede llegar a dar cuenta que no existe.