2.3.09

fiesta gancia

Hay tanta gente en esta sala que para contarlo todo tendrìa que publicar un diario, con secciones dedicadas a cada uno de ellos.

Tenes tantos estilos como colores en una selva.

Un verde, un bronceado, gente que se fue de vacaciones, chicas desesperadas por gustar, argollas para agarrarse en el vagòn, terceras edades.

Como esto no es un viaje no hay destino. Como yo no voy a ningùn lado elijo quedarme. 

Antes anhelaba conseguir el pasaporte y alcanzarte antes que cruzes el umbral. 
Antes eramos màs fuertes.

Sin embargo las conejitas con cajas de tabaco y verde congoja no eran demasiado, tambièn algunos ponìan aceitunas en el Gancia. 

Imaginate como brillan las luces, ni hablar si usaramos leña, si quemasemos todos los bosques y por fin nos cagàsemos de una vez en la ecologìa.

Lo màs curioso es el centro de la sala: no habìa nada. 

Ni silencio, ni vacìo. Ni siquiera un reloj de arena consumiendose.

En los carnavales todos garchan con todos, los caquiques te señalan y te dicen "pagano, ellas no tienen clìtoris y vos perdiste el alma". 

Al final de la noche, cuando todos habian perdido sus nombres e identidades polìticas, entrò la policìa con 3 damajuanas y 30 platos vegetarianos.

Repartiò y todos dormimos.